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Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en LinkedINLleva varios años siendo el ‘rey’ absoluto de los combinados. Y no parece estar dispuesto a perder su trono. Hablamos, cómo no, del tonic. Ese trago clásico de origen inglés, convertido en verdadero fenómeno ‘gourmet’ en los últimos tiempos.
Cada vez tenemos en los un número mayor de ginebras Premium, de tónicas con las que combinarlas, y de y botánicos con los que aromatizarlas… Una llevada en ocasiones hasta el ´delirio´. Y es que hay en los que, después pedir un gin tonic, lo que llega a la mesa o a la barra se parece casi más a una ensalada que a un combinado.
Pero más allá de los ´disparates´ perpetrados con cierta frecuencia en este terreno, sí es cierto que un gin tonic es algo más que mezclar ginebra con tónica. Así, el seguimiento de una serie de pautas básicas harán de este combinado el más apetecible de los tragos, mientras que el no cumplimiento de otras podrá arruinar hasta la mejor de las ginebras.
Un mal vaso, un mal gin tonic
La ginebra es un destilado aromático y buena parte de su éxito reside en que pueda expandirse junto a la tónica para ofrecer sus mejores matices gustativos y aromáticos. Hace dos décadas en España se usaba el vaso de tubo para los combinados. En un vaso estrecho la ginebra no es capaz de abrirse y mostrar todas sus posibilidades. ¿La mejor opción?: la copa de balón o, en su defecto, un vaso ancho.
Nunca caliente, por favor
Aunque es recomendable que la ginebra esté fría, no es esencial. Lo que es importante es que el vaso coja frío al añadir el hielo. La clave está en que el gin tonic se mantenga el máximo tiempo a la menor temperatura posible. Se deben dejar los cubitos en la copa al menos unos minutos y escurrir el agua sobrante antes de servir la ginebra y los botánicos.
Imprescindible: hielo compacto y de calidad
En ocasiones hay bebedores de gin tonic que despliegan una gran parafernalia respecto a la calidad ‘ultrapremium’ de la ginebra y la tónica, sublimes cáscaras de cítricos, botánicos selectos y copas de cristal fino. Pero para alcanzar la excelencia resulta fundamental contar con un hielo de calidad. Es preferible el cubito compacto y macizo, ya que mantendrá el frío durante más tiempo sin deshacerse. Además, el hielo será de agua de calidad, no del grifo ya que el cloro puede ‘matar’ el sabor del combinado.
No todo vale
Cada ginebra está formada por botánicos diferentes que le confieren sabores y aromas característicos. Por ejemplo, hay ginebras con un marcado sabor a enebro, mientras que hay otras que gozan de un toque mediterráneo con aroma a lavanda y tomillo. Por eso es esencial acompañar cada tipo de ginebra con su botánico adecuado o con su fruta ideal. El objetivo de esto es aromatizar el gin tonic y para ello resulta fundamental liberar los aceites esenciales de los botánicos o de la fruta, que se encuentran en su cáscara. En caso de duda, siempre apostar por los cítricos. Un consejo: deslizar una corteza de un limón verde bien lavado por el borde de la copa; a continuación, doblarla suavemente sobre el hielo con la idea de perfumarlo.
La ginebra, en su justa medida
El gin tonic ‘perfecto’ debe contar con un equilibrio entre la cantidad de ginebra y la de tónica. Así, se recomienda una parte de ginebra por dos partes y media de tónica. Después, mezclar ligeramente con cucharilla de cóctel. Los bartenders modernos añaden frutas diversas; fresas, frambuesa, incluso caña de canela, y esto está siendo acogido por todo el mundo como el Spanish Gintonic. No es el clásico gin tonic pero no hay nada que objetar; son bebidas muy agradables.
El zumo y la pulpa, para el desayuno
Durante años a algunos combinados se les añadía una chorrito de limón para potenciar su sabor y esa práctica se ha trasladado equivocadamente al gin tonic. De hecho, echar limón exprimido o un trozo de fruta con su pulpa elimina el carbónico de la tónica y con ello las burbujas, restando fuerza al combinado.
¡No rompas las burbujas!
El último de los ‘pecados capitales’ también tiene mucho que ver con la burbuja. En ocasiones, a la hora de servir se lanza de golpe la tónica sobre la ginebra y los botánicos. Al hacerlo, el carbónico tiende a perderse y con él buena parte de su éxito, que no es otro que ese sabor burbujeante. Con verter la tónica pausadamente sobre la pared del vaso es suficiente para evitar ese efecto, aunque la manera más profesional de hacerlo es usar una cucharilla mezcladora que dará vida a las burbujas y logrará el efecto deseado a la hora de mezclar destilado y refresco.
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