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Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en LinkedINLa neurogastronomía es el estudio científico de cómo el cerebro percibe la comida, fusionando neurociencia, psicología y gastronomía para entender la experiencia sensorial completa, más allá del sabor, involucrando vista, olfato, tacto y oído, emociones, memoria y entorno, con el fin de diseñar experiencias culinarias más ricas, memorables y saludables, influenciando desde grandes chefs hasta la alimentación cotidiana.
Esto se vincula también con otros factores como las emociones, sentimientos, expectativas o inclusive la memoria que nos aparecen a la hora de comernos un plato, así como el entorno, la luz, la calidez o el frio, el sonido…
Todo se vincula a un resultado final que va de la mano de un buen marketing.
El intestino cuenta con aproximadamente 200 millones de neuronas, siendo independiente del sistema nervioso central, a pesar de que estas neuronas situadas en el intestino se mantienen en constante comunicación con las del cerebro. Estas neuronas producen, de igual manera que las del cerebro, neurotransmisores como puede ser la serotonina, la cual tiene efectos sobre la regulación de las emociones.
Todo esto se traduce en que un desequilibrio en la microbiota intestinal se traduce en una alteración en las neuronas que se encuentran en el intestino y puede terminar generando consecuencias similares a las que se encontraría en una alteración en las neuronas cerebrales, como: trastornos de humor como estrés o ansiedad, enfermedades psíquicas como la depresión o el autismo, incluso puede llegar a implicarse en algunas enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson o el Alzheimer. Por lo tanto, lo que comemos, pasa por el estómago y posteriormente por el intestino, tiene un porcentaje más alto de influencia en nuestro bienestar, tanto físico como anímico.
La primera persona en utilizar el término “neurogastronomia” fue Gordon M. Sepherd. Parte de la base de que los principales componentes del sabor vienen dados por dos de los cinco sentidos, el gusto y el olfato, pero hay muchos otros componentes. Estos otros componentes son los que explican que se tenga preferencia por una comida y no otra, que un alimento no te guste, también como un alimento que antes no te gustaba, si lo situas en otras condiciones y pasa a gustarte, etcétera.
El cerebro construye la percepción del sabor a partir de todos los sentidos, recopila toda la información que puede y añade recuerdos, sensaciones, situaciones vividas en el pasado e incluso situaciones que nos gustaría vivir en el futuro. Todo esto crea una cadena de información que se asocian de manera automática a platos y comidas, influyendo directamente en todas las decisiones alimenticias que se toman cada día.
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