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Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en LinkedINCada 30 de enero se celebra el Día Internacional del Croissant, una excusa perfecta para rendir homenaje a uno de los productos de bollería más reconocibles del mundo. Dorado, crujiente y aparentemente sencillo, el croissant es mucho más que un desayuno: es un símbolo cultural, una pieza de historia europea y un ejemplo de cómo la gastronomía viaja, se transforma y acaba apropiándose de una identidad nacional.
Como ocurre con muchas recetas emblemáticas de la gastronomía mundial, la historia del croissant tiene varias versiones. Sin embargo, todas realmente coinciden en que su creación se sitúa en la Viena (Austria) del Siglo XVII, más concretamente durante el asedio de las tropas del Imperio Otomano frente a las puertas de la muralla de dicha ciudad.
Corría el año 1683, época en la que el Imperio Otomano avanzaba por Europa conquistando territorios en su lucha contra el Imperio Romano Germánico. Tras haber arrasado Constantinopla, los Balcanes y parte de Hungría, el ejército otomano fijó su objetivo en Viena. La ciudad se encontraba rodeada por una muralla, así que la estrategia de los 20.000 soldados fue socavar el terreno, a fin de que una trinchera o corredor pasara por debajo de las murallas, hasta desembocar en el centro de la ciudad.
Para no ser descubiertos trabajaban sólo por la noche, pero no se habían percatado de que los panaderos también trabajaban a esas horas. Estos oyeron el ruido que hacían los turcos con las palas y picos, y dieron la voz de alarma. De esta manera toda la ciudad y el ejército pudo repeler el ataque del invasor, que no tuvo más remedio que retirarse. Fue gracias a este aviso por lo que se defendió la ciudad.
Como celebración de esta victoria, los panaderos crearon un bollo con forma de luna creciente, la misma que lucía en la bandera otomana. Por lo que el croissant simbolizó la manera de ‘comerse a un turco’, una dulce venganza llevada a cabo gracias a la inestimable colaboración de los panaderos vieneses.
Desde entonces el croissant invadió Europa y el mundo, hasta que los franceses -no sería el primer caso- lo hicieron "suyo", dándole la nacionalidad y oficializándolo con este nombre, además crearon su versión más hojaldrada. De hecho, la primera vez que se utilizó la palabra croissant fue en 1863. ya que aparece en el diccionario francés Littré. En Francia la primera receta se publicó en 1905 y la primera edición del Larousse gastronómico, en 1938, ya incluye a este famoso panecillo.
Hasta hace pocos años, en España, el croissant tenía forma de U, se comía con cuernos y se elaboraba con margarina o manteca. Pero poco a poco fueron aumentando los amantes del croissant recto y hecho con mantequilla como se prepara en el país galo.
La razón de hacerlo recto es por garantizar mas uniformidad en la textura y el sabor. El croissant se hace a partir de un triangulo de masa enrollado, y si le doblas las puntas, acabas desgarrando la masa y los cuernos quedan más crujientes que el interior y más secos, cosa que a los defensores del croissant con cuernos les encanta.
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