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Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en LinkedINSegún la ONU, en el año 2050 habrá 9.700 millones de habitantes en la Tierra. Para alimentar a todos ellos, se estima que la producción de alimentos tendrá que aumentar un 70 %. La industria alimentaria ya trabaja en formas de afrontar dicho reto y los nuevos alimentos, que van desde insectos —avalados por la FAO— a microalgas o, incluso, carne artificial, ganarán presencia poco a poco en los supermercados.
Un estudio de la FAO, se abre en ventana nueva. (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) señala que "hay pruebas crecientes y preocupantes de que la biodiversidad que sustenta nuestros sistemas alimentarios está desapareciendo, lo que pone en grave peligro el futuro de los alimentos". Ante la amenaza de inseguridad alimentaria en el horizonte, surge la pregunta: ¿qué comeremos las próximas décadas? Nuevos alimentos, nuevos hábitos y nuevas tendencias, como la agricultura ecológica y las foodtech, tienen la respuesta.
Los hábitos de alimentación no son ajenos a la revolución sostenible que experimentan casi todos los países del mundo. En la última década, la necesidad de vivir y consumir de manera más responsable con el medio ambiente está calando, sobre todo entre los más jóvenes. Por ejemplo, cada vez más gente opta por reducir el desperdicio alimentario comprando productos a granel para consumir solo lo necesario o apuesta por productos ecológicos más respetuosos con el medio ambiente.
Otra de las corrientes ligadas a estos nuevos hábitos es la veggie: más vegetales y menos carnes. Un dato, procedente de uno de los países más poblados del mundo, lo corrobora: casi un 19 % de la población mexicana, según datos recabados por Gourmet Show —uno de los principales festivales gastronómicos de México—, se declara vegetariana. Pero además de con el consumo, las tendencias alimenticias tienen mucho ver con la producción. En este sentido, la agricultura ecológica y las foodtech, por ejemplo, están poco a poco haciéndose un sitio en la economía actual para lograr que alimentación, sostenibilidad e innovación vayan de la mano.
La agricultura ecológica, aquella que persigue la obtención de productos agrarios mediante el uso de técnicas lo más naturales posibles —es decir, evitando el uso de productos químicos y aplicando prácticas alineadas al ecosistema— con el fin de obtener alimentos más saludables y nutritivos al tiempo que se protege el suelo, se evita la propagación de plagas y se respeta el medio ambiente, crece a buen ritmo. En las tierras agrícolas dedicadas a la producción ecológica aumentaron 1,1 millones de hectáreas en todo el mundo en 2019.
Las foodtech, por su parte, son empresas que aprovechan las tecnologías más punteras, como la inteligencia artificial, la robótica o la biotecnología, para transformar la industria alimentaria y tornarla más moderna, eficiente y sostenible durante todas sus fases. Aunque su presencia en el sector es aún testimonial, algunos de sus hitos, como el famoso filete de carne de laboratorio creado en 2018 a partir de células madre de vaca, ya han dado la vuelta al mundo.
Partiendo de todo lo anterior, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), con la colaboración de la marca alimenticia Knorr, publicó recientemente un informe en el que agrupaba en once categorías los que a su juicio serán los 50 alimentos del futuro:
Algas: laver y wakame.
Legumbres: haba, lenteja, adzuki (o soja roja), mung (o soja verde), vigna subterránea, vigna unguiculata, frijol marama, frijol negro y frijol de soja.
Cactus: nopal.
Cereales y granos: quinoa, arroz integral, trigo sarraceno, trigo khorasan, trigo espelta, mijo africano, mijo fonio, amaranto y teff.
Frutas y verduras: flor de calabaza, okra y tomate naranja.
Hortalizas: remolacha, grelo, kale, moringa, pak-choi, calabaza, col morada, espinaca y berro.
Setas: enoki, maitake y níscalo.
Semillas: linaza, cáñamo, ajonjolí y junglans.
Raíces: raíz de perejil, salsifí negro y rábano blanco.
Brotes: alfalfa, habas germinadas y garbanzos germinados.
Tubérculos: raíz de loto, ube, jícama y camote.
A esta lista, la FAO añade también los insectos, ya consumidos en muchos países de Latinoamérica y Asia. ¿Qué aportan? Proteínas y nutrientes de alta calidad. Además, pueden usarse como complemento alimenticio porque la mayoría de ellos contienen elevados niveles de ácidos grasos. También son ricos en fibra y micronutrientes —como hierro, magnesio o fósforo—. Otra de sus ventajas es que apenas se necesitan medios técnicos o inversiones importantes para su cría o recolección, de modo que, de aquí a unos años, es probable que los escarabajos, las hormigas o los saltamontes, entre otros, se vuelvan cotidianos en nuestra alimentación.
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