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Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en LinkedINDurante las jornadas que dure el cónclave los cardenales, más allá de votar hasta llegar a un consenso, tendrán que alimentarse. Todos ellos se alojarán en la Casa de Santa Marta, lugar donde residía el papa Francisco y donde se mantendrán aislados hasta nombrar al nuevo pontífice, con restricciones de teléfonos móviles, aparatos electrónicos y entradas y salidas controladas.
Hemos leído en el diario El Mundo que Mila Fumini, historiadora gastronómica, ha explicado que "durante el cónclave todo tiene un objetivo preciso, incluso la comida: elegir al nuevo Papa lo antes posible". Y es que los requisitos sobre lo que deben comer o no comer los cardenales se remontan nada más y nada menos que al siglo XIII, cuando el cónclave para elegir al sucesor del Papa Clemente IV se prolongó ¡durante 1.006 días! Esto dio lugar a que solo se les sirviera una comida al día para acelerar la elección.
Cierto es que no se sabe exactamente qué comerán porque es confidencial -todos los trabajadores del Vaticano firman un estricto juramento al respecto-. Pero sí ha trascendido que en el desayuno suele haber café, zumo, pan, mantequilla y fruta; el almuerzo consta de carne o pescado con verduras y la cena de cereales, verduras, frutas y pescado al horno o al vapor. Los cardenales necesitan una mente clara y una digestión que no sea pesada, de ahí que, por ejemplo, no hay frituras y las recetas que degustarán están inspiradas en la cocina tradicional italiana.
Aunque no se prohíbe el vino, su cantidad y calidad son limitadas. Durante los primeros días se permite una dieta normal, pero si no se elige Papa en ocho días, se restringe a pan y agua, como medida de presión.
Por tanto, no pueden hacer comidas copiosas. Puede que haya dulces pero muy sencillos y también hay algunas restricciones en el menú cardenalicio.
Durante el proceso de votación del nuevo Papa, los alimentos deben cumplir reglas estrictas:
Está prohibido servir alimentos que puedan ocultar mensajes, como empanadas, aves enteras, pasteles o bollos rellenos.
Tampoco los espárragos parece que estarán presentes en estos insignes menús, se cree que por las sustancias azufradas que liberan cuando se consumen, no muy recomendables cuando se trata de espacios cerrados como la Capilla Sixtina.
Solo se permiten comidas abiertas y visibles, como frutas, verduras, embutidos o carnes frías.
El agua y el vino deben servirse en recipientes transparentes.
Todas las comidas pasan por catadores y son supervisadas por guardias suizos.
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