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Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en LinkedINLa piparra es un producto singular y autóctono, que no se encuentra fuera de Gipuzkoa dado que son las condiciones geográficas y climáticas de este territorio las que permiten el crecimiento de esta planta que, eso sí, tiene su origen al otro lado del charco.
Fue Cristóbal Colón quien la importó desde América y a lo largo de los años su adaptación a las condiciones climáticas de esta zona la han convertido en el producto único que es hoy en día. Se trata de una planta a la que le benefician la baja altitud, las temperaturas suaves y la alta pluviosidad, condiciones que definen perfectamente los rasgos de la climatología guipuzcoana.
La plantación se realiza entre abril y mayo y tiene un crecimiento fuerte y rápido. A partir de julio se pueden empezar a recoger los frutos, que suelen ser abundantes. La recolecta se suele dar hasta el mes de octubre aunque en ocasiones se puede dilatar hasta noviembre, en función del clima.
La piparra es una guindilla de carne tierna y piel fina, de pequeña longitud, entre 5 y 12 centímetros, y con un pedúnculo o rabo estrecho y alargado. Su forma es estrecha, alargada y lisa, con sección redonda. La coloración es verde amarillenta, uniforme en toda la guindilla, y con un ligero brillo.
Las mejores son las que miden 8 centímetros de longitud, ya que si miden más es porque han estado más expuestas al sol y por lo tanto, son algo más bastas, lo que se percibe en su textura en el paladar. Están prácticamente exentas de picor.
La planta alcanza una altura aproximada de 25-30 centímetros y empieza a dar flores de manera continuada desde finales de julio hasta bien entrado octubre, a veces incluso en noviembre, si el tiempo es bueno. Con los primeros fríos, perderá sus hojas y deberá ser arrancada, puesto que su ciclo vital habrá terminado.
Son muy apreciadas como acompañamiento de legumbres, como ingrediente para hacer pintxos (el más famoso es la ‘Gilda’, en el que se acompaña de una anchoa y de una aceituna rellena), para alegrar las ensaladas o simplemente para comer solas, con aceite de oliva y sal. Encurtiéndolas se puede aprovechar la última cosecha que brinda la planta, más picante y con mayor número de semillas.
Las utilizamos fritas, salteadas, como producto que denota el frescor y el lujo de las estaciones del año. Sirven como aperitivo informal, que ayuda a socializar. Por su cantidad de aromas, también la utilizamos para aromatizar caldos.
Estas guindillas ayudan a combatir el colesterol, el catarro bronquial, dolores de lumbago e irritantes gástricos, como los ácidos y el alcohol. Además, son beneficiosas como analgésico para combatir el dolor, destruir hongos y mohos, para la digestión y para abrir el apetito. También ayudan a quemar grasas durante la digestión.
Sugerencia: Saltear con un poco de aceite en una sartén caliente y acompañar de unas anchoas en salazón y unas rodajas de tomate. La combinación del umami del tomate y la anchoa con el aroma y frescor de las piparras salteadas es especial.
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