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Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en LinkedINEl membrillo es el fruto del membrillero, árbol de la familia de las Rosáceas que alcanza unos 4 metros de altura. Esta familia incluye más de 2.000 especies de plantas herbáceas, arbustos y árboles distribuidos por regiones templadas de todo el mundo. Las principales frutas europeas, además del rosal, pertenecen a esta gran familia.
Es una fruta con un escaso contenido de azúcares, y por tanto un bajo aporte calórico. El inconveniente que presenta es que en la mayoría de las ocasiones se consume en forma de dulce de membrillo, que lleva adicionado azúcar, por lo que el valor calórico de este producto se dispara.
El membrillo es nativo del oeste de Asia, de la zona caucásica, y se viene cultivando desde muy antiguo. Llegó a España a través de Grecia e Italia, donde era muy estimado; de España se exportó a América.
Antiguamente se pensaba que los membrillos eran un tipo de manzana. En un principio se consumían principalmente asados con miel y una buena capa de harina; ya con el descubrimiento y el mayor empleo del azúcar, empezaron a elaborarse membrillos confitados. En la Edad Media se empleaban no sólo como alimento, sino también como remedio eficaz contra la diarrea.
De su contenido nutritivo apenas destacan vitaminas y minerales, salvo el potasio y cantidades discretas de vitamina C. No obstante, al consumirse habitualmente cocinado, el aprovechamiento de esta vitamina es irrelevante.
Las propiedades saludables del membrillo se deben a su abundancia en fibra (pectina y mucílagos) y taninos, sustancias que le confieren su propiedad astringente por excelencia. También contiene ácido málico, ácido orgánico que forma parte del pigmento vegetal que proporciona sabor a la fruta, con propiedad desinfectante y de favorecer la eliminación de ácio úrico. El potasio es un mineral necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso y para la actividad muscular normal, interviene en el equilibrio de agua dentro y fuera de la célula.
Los primeros membrillos aparecen en el mercado desde principios de otoño, manteniéndose hasta principios de invierno.
A la hora de la compra, hay que elegir los que presenten aspecto carnoso, con la piel totalmente intacta y parcialmente amarilla.
Los membrillos muy maduros suelen presentar manchas, que no tienen importancia si se los va a cocer inmediatamente. Hay que rechazar los membrillos duros y verdes, es decir, inmaduros.
Los membrillos verdes deben dejarse madurar a temperatura ambiente. Los que ya estén maduros se conservan bien en el frigorífico durante algunas semanas, siendo recomendable envolverlos individualmente.
El membrillo se congela muy bien hecho puré, azucarado o no azucarado. Si se desea congelar membrillos frescos, conviene pelarlos, limpiarlos, cortarlos y rociarlos con zumo de limón, evitando así que adquieran una coloración marrón debido a la oxidación.
Los membrillos se consumen únicamente tras su cocción, a menudo en forma de mermeladas, jaleas o dulce de membrillo. Su elevado contenido en pectinas los hace muy apropiados para la elaboración de este tipo de preparados, sin necesidad de adicionar otros productos gelatinosos para lograr una correcta consistencia.
También son adecuados para la confección de compotas, jugos y productos de pastelería.
Porque presentan un sabor altamente ácido y una baja digestibilidad debido a su elevado contenido en fibra insoluble.
Además, la presencia de pectina en esta fruta consigue la consistencia adecuada en la confección de mermeladas y compotas, sin necesidad de añadir otras sustancias espesantes.
Ingredientes:
Para preparar este dulce de membrillo casero necesitaremos:
Membrillo 1K
Azúcar 1K (aproximadamente).
Pectina 15 g (este ingrediente es opcional, si deseas que te quede más consistente porque la piel del membrillo ya tiene suficiente pectina para darle consistencia sin añadir nada extra).
Zumo de limón (opcional).
Un chorrito de vino blanco (opcional).
Preparación:
1.- Lo primero es lavar los mebrillos muy bien bajo el grifo y frotarlos con las manos.
2.- Después cortarlos en cubos mientras retiramos las semillas y el corazón. No necesitamos quitarles la piel. Luego ponemos los trozos en una olla y los cubrimos con agua.
3.- Dejamos que se cocinen a fuego fuerte durante 10 minutos desde el momento de la ebullición. Si son membrillos que no están muy amarillos quizás necesitaremos darle un poco más de tiempo. Lo importante es retirarlos del fuego cuando veamos que están blandos.
4.- Escurrimos el agua de la olla. La masa reblandecida la ponemos en el vaso de la licuadora para obtener un puré homogéneo.
5.- Lo siguiente que haremos es pasar por un tamiz este puré, para conseguir una textura más delicada y menos terrosa en la carne de membrillo. Por supuesto, este paso es opcional. Si prefieres una masa con ‘personalidad’ y ‘sorpresas’ entonces no necesitas el tamiz.
6.- Una vez tenemos la masa tamizada, la colocas al fuego lento (una llama bien bajita) y añades la misma cantidad de azúcar. Le agregamos la pectina. Debemos revolver con frecuencia (preferiblemente con una cuchara de madera) para que no se pegue en el fondo. Dejamos que el azúcar se mezcle bien con la masa de membrillo. El proceso es de unos 15 minutos.
7.- Agregamos el zumo de limón o chorrito de vino blanco y lo dejamos permanecer en el fuego por unos 2 minutos más. El limón o el vino apagan de forma peculiar el exceso de dulzor. Una vez está cocinado, lo ponemos a enfriar en un molde a temperatura ambiente, y luego al refrigerador.
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